Rascacielos junto a la estación central

La mayor parte de las ciudades holandesas carecen de edificios altos y prefieren adoptar un estilo más clásico con sus edificios. Las dos excepciones son Rotterdam y la Haya, ciudades que sí tienen rascacielos en abundancia. En el caso de Rotterdam podemos decir que la ciudad ha perdido totalmente su espíritu holandés y parece sacada de algún otro lugar del mundo. La culpa la tuvieron los bombardeos norteamericanos durante la Segunda Guerra Mundial, los cuales la arrasaron casi por completo y a la hora de reconstruir se optó por renunciar a las raíces y explorar nuevos caminos.

Los viajeros que llegan a Rotterdam por tren salen de la estación y además de las obras eternas que hay en su puerta se tropiezan con esta vista de rascacielos, moles de cristal que reflejan las nubes y el azul del cielo y que es un milagro que se mantengan en pie, porque este país es de suelo arenoso y el lugar en el que se encuentran está a varios metros sobre el nivel del mar. Ahí donde los veis, esos edificios son varias veces más grandes por debajo de la tierra, con miles de pilares hundidos en la arena para sujetarlos.

Una de las curiosidades de esta ciudad es que más del cincuenta por ciento de la población es extranjera y por sus calles se escucha portugués, español, alemán, árabe, ruso, francés o inglés sin que nadie se sorprenda. También tiene los índices de criminalidad más altos de todo el país y algunos barrios en los que no entra la policía.

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